DEL BAILE A LA DANZA, CONTACTO ENTRE EL CUERPO Y EL ESPÍRITU.

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La danza es un ritual. El baile una práctica social.

El ritual es una actividad encaminada a la conexión con lo divino; el baile, a la conexión con lo humano.

Unos piensan que primero fue la danza y otros que primero fue el baile., pero ambos, con su solemnidad y con su sociabilidad tienen un mismo fin: lograr la unión con el otro.

De adentro hacia afuera o de afuera hacia adentro, el movimiento del cuerpo crea unas sustancias que causan placer, que es momentáneo, y con la práctica continua, gozo.

El baile tiene tres ejes: el movimiento físico, acompasado en solo o con una pareja; la música que marca la pauta del movimiento y su fluidez, y la vista, que nos indica, a través del otro, el placer o el gozo que compartimos mientras bailamos.

El baile y la danza son una proyección social de nuestro yo que, con la práctica, se hace hábil, dúctil y capaz de modificar a voluntad sus estados de ánimo.

Anel Pérez, directora de la Academia de Baile Meras, conoce a profundidad los efectos de la danza y el baile en quienes lo practican.

La danza y el baile crean, con la práctica continuada, una armonía interna que luego se proyecta en el grupo de practicantes y en sus familiares.

‑El baile –nos dice‑ es algo útil, pues en primer lugar nos relaja al proyectar nuestras emociones.

También destaca que hay cambios bastante notorios en quienes bailan, pues la práctica energetiza y esa energía crea una corriente de entusiasmo que lleva a realizar mejor las actividades personales y de trabajo.

La Academia Meras imparte danza árabe, Ritmos latinos, Danza contemporánea, entre otras, de lunes a viernes en distintos horarios.

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