EL DENGUE EN JALISCO CAUSA ESPECULACIÓN POR CONSUMO DE AGUA DE COCO.

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La incapacidad de respuesta que las autoridades sanitarias en la entidad han demostrado para, prevenir, corregir, combatir y erradicar la presencia del zancudo Aedes Aegypti, vector responsable de la transmisión del Dengue, ha desencadenado un fenómeno especulativo, similar al vivido con la situación de influenza o fiebre aviar, cuando la psicosis social de los jaliscienses produjo un efecto adquisitivo de cubre bocas, que previo a esa situación, resultaban económicos, es decir no llegaban a costar un peso cada uno, sin embargo, durante el proceso de especulación por la presunta presencia de esas alertas sanitarias, llegaron a cotizarse hasta en 20 pesos cada uno, sin que ninguna autoridad pusiera límites.

Algo similar se repite con la actual situación de alerta emitida por la Secretaría de Salud Jalisco, que sin admitir que se trata de una epidemia, los casi 5 mil casos registrados de Dengue, continúan deslindandose de su responsabilidad por la falta de políticas preventivas como la fumigación previa al temporal de lluvias (como se hacía décadas atrás, cuando incluso se fumigaba a conciencia y brigadas –casa por casa- repartían pastillas y polvos para combatir las larvas en contenedores).

La saturación en los hospitales, clínicas de primer contacto de la dependencia estatal, unidades médicas municipales y del Seguro Social, han obligado a la ciudadanía buscar alternativas para contrarrestar los efectos de la enfermedad, tal es el caso del consumo de agua de coco. Sin embargo, especialistas de la misma institución han puesto en duda que este líquido posea alguna propiedad medicinal.

Mientras tanto, los comerciantes de este producto se encuentran haciendo su “agosto”; en las colonias populares de Guadalajara, cada pieza de coco se consigue entre los 35 y 50 pesos, cuando semanas atrás el costo no superaba los 25 pesos.

En algunos centros de distribución de esta semilla de la palma, el litro de agua de coco se puede adquirir hasta en 35 pesos el litro, cuando anteriormente este líquido (no aprovechable) se regalaba o incluso era tirado directamente al drenaje.

Igual que en las crisis anteriores (Influenza y fiebre aviar), ni las autoridades sanitarias, de comercio o de la defensa del consumidor, observan esta condición lacerante en la economía doméstica de los jaliscienses.

La capacidad de las dependencias estatales se limita a culpar a los gobernados por la presencia de esta enfermedad, debido según ellos, a la falta de un hábito de descacharrización; omitiendo que ellos como autoridad debe garantizar las condiciones de bienestar, seguridad, salud y atención para la población, a eso se comprometieron cuando rindieron protesta y ya se olvidaron de la parte donde versan, “y si no, que me lo demanden”, eso es lo que hacen ahora los jaliscienses.

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