ENEMIGO UNO DE MÉXICO

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Mientras los chapulines y los vividores de la política y la administración pública siguen gastándose el dinero del pueblo en las poco aseadas campañas electorales con miras al próximo 6 de junio, rompiendo con exigencias sanitarias por el Covid 19, el semáforo vuelve a poner alertas a las autoridades y temerosos a los trabajadores del sector salud (abandonados y despreciados por el gobierno federal al no vacunarlos) y vuelve a espantar a la escasa población que no quiere morir por esa enfermedad, mientras eso sucede escribía, persiste la demencial conducta desde la presidencia que parece tener muy bien programadas las cortinas de humo para distraer a la ciudadanía ante lo cual el fundador de ese movimiento persiste en vilipendiar a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y a las leyes en general, actuando como feroz e hidrofóbico candidato en un escenario donde recibe aplausos de muchos satelitales lacayos y bufones que todo festinan.
Pero lo anterior, si bien es muy importante, parece que al estado mexicano ha olvidado que hay circunstancias más importantes que un gobierno que ya acreditó su peligrosidad. Demagogia pura cuando se habla de la recuperación nacional tras más de un año de pandemia. Igual cuando se habla de la recuperación de la economía de trabajadores, empleados, productores y empresariado en general; re encontrar la confianza para la relación humana a pesar de las vacunas, es decir, volver “a la normalidad”.
A pesar de que el mundo sufre fenómenos naturales cíclicos y que ahora, por ejemplo, es brutal la escasez de agua dulce, nada o poco se sabe de medidas y acciones ante la sequía. Se tiene la desfachatez de construir ductos para transportar el agua ¿y dónde está el líquido? Los estudiosos continúan rasgándose las vestiduras reiterando que las redes de distribución son obsoletas y que hay grandes fugas del vital líquido, lo cual es aceptado displicentemente por las autoridades de todos los niveles. A esto hay que unir la nula educación social para no desperdiciar el agua y
reciclarla permanentemente. Se han descubierto importantes ductos acuosos clandestinos y de eso se sabe poco y nada se actúa.
Millones y millones de metros cúbicos de agua pluvial inundan al Valle de Atemajac, por citar un área. Cada temporal lluvioso, abundante o no, trae consigo lo que tanto desperdiciamos: la vida.
¿Cuántos metros cuadrados tienen las azoteas de edificios gubernamentales? ¿Cuántos en escuelas de todos niveles? ¿Cuántos en las casas habitación? Ahí cae el agua de la lluvia que inunda y destroza infraestructura urbana, viviendas, personas, vehículos, etc. La irresponsabilidad ciudadana taponea alcantarillas con la basura, no recicla el agua y la usa indiscriminadamente. Y el gobierno ni siquiera puede darle a cada casa un tejaban o una lámina metálica o de fibra de vidrio o una cubeta para capturar el agua de lluvia. La mayoría de gente ni siquiera recoge el agua cuando se baña ni tampoco reutiliza el agua de la lavadora. ¿Lo harán los directivos de los organismos oficiales que dizque administran el uso del agua?
Las personas metidas en el tema, la burocracia de todos colores y niveles saben que la carencia de agua es en serio y no es con tandas de distribución ni con engañosas declaraciones periodísticas, ni con publicidad como se logrará enfrentar en serio esta problemática. Y esto aplica en todo el planeta. En México, en lugar de trenecitos, avioncitos, armas y la junta de manicomio que mañana y tarde se realiza en Palacio Nacional y espetando tanta diatriba político electoral, deberían construir centros captadores de agua pluvial y no tirarla al drenaje, como lo hacen con
permanentes manantiales que aún tienen agua en la zona metropolitana de Guadalajara que cada día impermeabiliza la tierra con más y más planchas de concreto y construcciones en general.
¡¡¿¿Imagínese una cisterna del tamaño de la plancha del zócalo, cuántos metros cúbicos de agua pluvial se captarían??!!
De acuerdo a la latitud en el país y al lugar geográfico citadino, y con las dimensiones (o más) del lago de Chapultepec en CDMX o del Parque Alcalde en Guadalajara, (por citar dos casos), se construyeran cisternas de ese tamaño en escuelas, centros comerciales, etc…se imagina, amable lector, la autosuficiencia de agua que se tendría evitando desgaste del lago de Chapala y de mantos freáticos. Para eso hay estudiosos y técnicos que en otros países hay hecho un oasis del desierto. El agua de mar ya se desaliniza y se hace potable, pero los grandes intereses económicos nacionales e internacionales son los verdaderos enemigos.
Viene la temporada de huracanes y con ello la devastación por inundaciones y los gobernantes se preocupan en gastar en drenajes para contaminar ese vital líquido. Hoy han de estar haciendo acopio de contratos de adquisición de víveres, materiales para construcción, quizá medicamentos, vehículos, en espera del desastre nacional, pero no hay voluntad política para coadyuvar a combatir la sequía. El ser humano esta como el burro “cargado de cántaras con agua y muriéndose de sed”. Hay (o había) reglamentos que obligan a desarrolladores inmobiliarios que dupliquen las redes hidráulicas. La “autoridad” hace cumplir esas normas? Hay gente con dos o tres meses (o
siempre) sin agua y nada más la vemos correr acabando con las escasas pertenencias de muchos, o con tierras productivas y luego a pagar los seguros que el gobierno destina para los productores agropecuarios y los aditamentos para los damnificados. Y…qué pasa?.

PERIODISTA: mjimenezibanez58@gmail.com

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