INCONGRUENCIAS DEL CONGRESO JALISCIENSE.

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De pena ajena lo que sucede todos los días en el edificio del Congreso de Jalisco, es decir, cada ocurrencia que se les viene a la cabeza tanto a legisladores, asesores, administrativos y otros espontáneos con iniciativa; pero que al final repercute en la dinámica social, las políticas públicas y el libre transito contemplado en la constitución política de los Estados Unidos Mexicanos, más en los edificios públicos, como lo es el palacio legislativo o también llamado la casa del pueblo.

A últimas fechas, se ha vuelto ordinario que dependiendo del ánimo de algunas personas, se prohíbe el ingreso, no solamente al inmueble, sino también a cada una de las salas donde por ley, se debe respetar el interés general de las audiencias públicas.

Y resulta molesto que, en los edificios públicos, dependa del personal de «vigilancia» la toma de decisiones como el de reservarse el derecho de admisión; consecuencia de la improvisación y aplicación al vapor de las indicaciones de sus superiores.

Ejemplo de ello es lo que este martes 11 de febrero se implementó «tajantemente», la puerta de ingreso por la calle Independencia fue convertida en «exclusiva» para el personal del Legislativo; así de buenas a primeras, sin mayor explicación y únicamente con el comportamiento arbitrario de una persona del personal interno de vigilancia (que se dicen seguridad) y una mujer elemento de la policía del estado.

Mientras en el interior se desarrollaba «El Foro de Derecho de Igualdad y no Discriminación», al que se convocó al público en general, medios de comunicación y representantes de agrupaciones civiles.

De ese nivel es la incongruencia con que se hace el trabajo en el poder legislativo de Jalisco; tal y como versa aquel antiguo refrán popular, «Dale vino, poder o dinero a alguien que no sabe manejarse y sabrás lo que es».

Como queda de manifiesto con esta mentalidad oblicua de quienes administran con ocurrencias un espacio cuya reputación de por sí, tristemente celebre, en decadencia y gris; que únicamente ensancha esa brecha abismal entre el verdadero gobierno (el pueblo) y sus mandatarios (empleados públicos), algo anda muy torcido en el legislativo o mejor dicho, en la administración del mismo, lo sabrá el encargado titular de la secretaria general,  Salvador de la Cruz Rodríguez Reyes.

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