LA EDUCACIÓN EN JALISCO EN TIEMPO POSTELECTORAL

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Por: Miguel Ángel Pérez Reynoso*

Los procesos electorales tienen la magia y la virtud de permear y pervertir el entono social, campañas de lodo, descalificaciones, debates que sirven para poner en juego todo menos la defensa y la circulación de ideas valiosas y pertinentes, etcétera.
Después de todo ello pasamos a una etapa de resaca política, ¿Quién gana, quién pierde? Casi siempre los que ganan son los oportunistas, los chapulines de la política que brincan de un partido a otro y los que perdernos somos los ciudadanos de a pie, los eternos invitados a un banquete que ya no tiene nada por compartir.
Lo postelectoral es un espacio de una especie de tierra de nadie, existe un lapso de espera para dar lugar a los que van a llegar que en muchas ocasiones son los mismos que ya se habían ido.
El campo de la política se vincula con la educación en dos sentidos:

a) Como una forma de hacer evidente nuestro avance para mostrar que efectivamente hemos avanzado en un nivel más elaborado de ciudadanos, de una cultura democrática que de muestra de la pluralidad y la madurez para elegir gobernantes.
b) Como área de oportunidad que permite generar propuestas, tener iniciativa para la mejora. En educación existen algunos espacios (diríamos a modo de diseños o propuestas curriculares) como la cultura de la legalidad, el desarrollo y fomento de educación política, la formación cívica y los procesos de ciudadanización, etcétera. Desde aquí pondríamos problemáticas de dicho campo al preguntarnos ¿Qué tanto hemos avanzado en nuestra cultura y práctica política?

¿Los resultados electorales dan muestra de avance político? Dicha pregunta tiene varias perspectivas para responderse, pero les toca a los expertos en comportamiento político electoral responder, que a los que somos educadores y formadores de nuevos educadores.
En Jalisco el partido en el poder ratifica su poderío político y los partidos emergentes u opositores, no pudieron o no lograron conseguir mejores resultados. Sin embargo en algunos municipios ha surgido la duda acerca de la limpieza y transparencia del proceso electoral.
Pareciera que el llamado a emitir el voto no se reduce solamente a los espacios de campaña, sino que también existen cabildeos, negociaciones y acuerdos por abajo o por un lado de las mesas formales que sirven para resolver los asuntos de la política.
Las pasadas elecciones ¿en qué beneficiaron en cuanto a compromisos de mejora y de avance educativo en la entidad? La educación como bien público también se concretiza en una serie de compromisos y de tareas institucionales muy claras que implica asumir tareas al respecto.
Tanto la SEJ como la UdeG como máxima casa de estudios tienen mucha responsabilidad en cuanto a poder incidir en la formación de mejores sujetos, como entes racionales que toman decisiones políticas y las asumen en consecuencia.
No sólo no hemos avanzado en cuanto a capacidad política de elección, como tampoco lo hemos hecho en cuanto a la capacidad electoral que garantice educar políticamente a la ciudadanía.
La realidad es que la educación sigue estando supeditada a la política y no a la inversa como debiera ser, por lo tanto, sólo nos queda aguantar y esperar a que vengan tiempos mejores.

*Doctor en educación. Profesor–investigador de la UPN Guadalajara, Unidad 141. safimel04@gmail.com

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