MÁS DE 20 MIL PIEZAS ARQUEOLÓGICAS RESGUARDA EL LABORATORIO OTTO SCHÖNDUBE DE LA UDEG

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Los hallazgos de vestigios de civilizaciones antiguas que investigadores de la Universidad de Guadalajara han encontrado en la Biósfera de la Sierra de Manantlán y la cuenca de la Laguna de Sayula, son estudiados en un nuevo espacio.

Es el Laboratorio de Arqueología Otto Schöndube, que recientemente abrió sus puertas en el Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH), sede Los Belenes.

Este espacio fue inaugurado el 16 de junio, previo al informe de actividades del Rector del CUCSH 2020, doctor Juan Manuel Durán Juárez, con la presencia de la viuda e hija de Otto Schöndube (Elizabeth Friedewold de Schöndube y Regina Schöndube) y el Rector General, doctor Ricardo Villanueva Lomelí.

La encargada del laboratorio, Susana Ramírez Urrea, explicó que el espacio está pensado para docentes y estudiantes del CUCSH que investigan temas de arqueología, antropología e historia. “Aquí se alberga el acervo arqueológico resultado del Proyecto Sayula, que hemos trabajado por 31 años”, compartió.

“No es un laboratorio aula –añadió–, sino un laboratorio de investigación para investigadores y estudiantes de servicio social o practicantes; en el futuro se impartirán materias sobre técnica y análisis de gabinetes, con número reducido”.

“Tenemos también la presencia de tesistas, por lo que los proyectos de la Sierra de Manantlán y Sayula tienen la función de generar oportunidades de investigación para tesis de licenciatura, maestría y posgrado”, declaró la encargada.

Desde antropología hasta bioarqueología se vinculan con estudios encabezados por universitarios de la UdeG, pero también de otras instituciones como la Universidad París 1 Panteón-Sorbona y la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH).

Además, este laboratorio rinde homenaje a Otto Schöndube, quien falleció en diciembre de 2020 y es considerado el “Padre de la Arqueología en el Occidente de México”.

Durante el corte de listón del edificio se dio a conocer que el acervo del investigador será donado a este espacio, para el estudio del pasado en Jalisco; actualmente se está gestionando.

Ramírez Urrea recalcó que aquí se maneja patrimonio de la nación, por lo que existe cuidado en el resguardo y manejo. “Son piezas para estudiarse, por eso los estudiantes están supervisados por los investigadores”, subrayó.

Recordó que desde este laboratorio la doctora Chloé Marie Pomedio también emprende el proyecto de arqueología en la Sierra de Manantlán, en las regiones Costa Sur y Sur de Jalisco.

Otros proyectos arqueológicos que se emprenden desde la UdeG son los del doctor Joseph Mountjoy, del Centro Universitario de la Costa (CUCosta), quien se ha enfocado en la región Costa Sierra Occidental. Y aunque dichos trabajos no forman parte del CUCSH sí son vinculantes, pues Otto Schöndube siempre trabajó con Joseph Mountjoy.

La cuenca de Sayula, un gran espacio por estudiar

Investigadores del CUCSH tienen registro de asentamientos humanos alrededor de la Laguna de Sayula desde el año 1500 a.C., cuando cazadores recolectores se asentaron en la zona de los abrigos rocosos.

Sobre los hallazgos en Sayula, Susana Ramírez Urrea aseguró que “hay mucho por estudiar. La arqueología nunca se acaba. Tenemos trabajado todo el vaso lacustre, pero nos falta por recorrer el Valle de Teocuitatlán, que está adjunto a la cuenca”.

“Nos faltan muchísimos periodos que no tenemos documentados, como las primeras aldeas sedentarias del 1500 a.C. al 400 a.C”, indicó la académica.

Recalcó que en la zona han encontrado vestigios de entre el 800 a.C. hasta la época de la Conquista. Algunas localidades donde se han descubierto piezas de cerámicas, tumbas, petrograbados y más son Amacueca, Techaluta, Atoyac, Sayula y Teocuitatlán.

“Tenemos más de 400 individuos en el acervo y todos vienen de excavación, y este acervo de restos óseos humanos es uno de los más importantes del Occidente y Mesoamérica, porque tenemos evidencia de casi todos los periodos que hemos registrado, desde el 800 a.C. hasta 1522”, informó Ramírez Urrea.

Ahondó que con la tecnología actual se pueden investigar estos restos óseos para conocer características epigenéticas, osteo culturales (como las deformaciones craneales), enfermedades, poblaciones de ADN antiguo.

Sobre las piezas encontradas la académica mencionó que el número resguardado puede ascender a más de 20 mil, una cifra variable, con temor a equivocarse, pues desde 1990 se han obtenido un gran número de éstas.

“Tenemos 11 sitios excavados en diferentes temporadas, un sitio puede tener una o dos temporadas de campo, como es el caso de La Picota, entonces, eso ha generado un acervo bastante importante de la arqueología del Sur de Jalisco”, resaltó.

Acerca de la oportunidad de desarrollarse como arqueólogo en Jalisco, la titular del laboratorio expresó que se necesitan talentos jóvenes que se sumen a este tipo de investigaciones. “Nos faltan estudiantes que tengan interés, la arqueología es rigurosa y el trabajo de campo es pesado”, detalló.

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