PELEONEROS Y APROVECHADOS

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En el frontispicio del Teatro Degollado se lee una frase del arquitecto  e ingeniero civil jalisciense Ignacio Díaz Morales: “Que nunca llegue el rumor de la discordia”; también está inscrita en Los Arcos que  identifican a Guadalajara y se ubican al ingreso a la localidad por avenida Vallarta, junto a la glorieta dedicada Minerva diosa de la mitología romana que representa  la sabiduría y las artes, a  cuyos pies  dice: “Justicia, Sabiduría y Fortaleza, custodian a esta leal ciudad de Guadalajara”.

Frases que son tan románticas como utópicas ante la cavernícola conducta social que empantana cada vez más al mundo, sin olvidar a la tierra azteca ni a Jalisco, máxime que muchos políticos, presuntos de servidores  públicos, se disfrazan de muertos vivientes o zombies y piden su cargo público o amenazan con travesura. Lo peor de “esos”  es que a pesar que reciben la dulce osamenta, van más allá de las travesuras pues muchos se convierten en delincuentes amparados por la legalidad. Y luego, en las campañas político electorales, se lanzan acusaciones de las tranzas que hicieron (recuerden a Lemus  el presidente naranja de Guadalajara, cuando le dijo a Lomelí, regidor de Morena en  esta ciudad: “eres un tranza”).

Acá la delincuencia organizada de todos colores y la que riega sangre y violencia, cada vez demuestran al pueblo que lo importante para ellos es el poder, la nómina y la posibilidad de hacer negocios y obtener ganancias que luego resultan dudosas. El pleito entre el gobernador y los dirigentes a ultranza y de facto en la Universidad de Guadalajara es u reto de poder a poder en esta tierra de caudillos, caciques o guías ideológicos, como quiera llamarlos. Lo cual poco abona la calidad de gobernantes y enfada más a la población.

Por los años setentas en el estado de Jalisco había comarcas en la entidad donde reinaban la familia Zuno (suegro y cuñados del presidente Luis Echeverría); los García Barragán-García Paniagua y de ahí los Ramírez Ladewig  y los que de ahí se derivaban, entre otros. Manejaban sus cotos de poder en la Universidad de Guadalajara y su apéndice la Federación de Estudiantes de Guadalajara que luego surtían de personal a las dependencias públicas y organismos privados aunque en estos en menor número. También era un estado dentro de la entidad. Ambas tuvieron siempre liga e imperaban en  casi toda la actividad Es decir, los poderosos siempre se disputaron (y así seguirán) el poder político y económico pisoteando a la ciudadanía, sobre todo la que se inconforma con negativos procederes. Esto es una gran historia que amerita varios artículos.

Todo indica que el llamado para que no exista la “discordia” es un buen deseo. Siempre ha estado presente. De igual forma ni existe sabiduría, ni fortaleza, ni grandeza,  al menos con el filosófico valor y el significado de esas expresiones. Es la condición humana. Pero lamentablemente a esas dizque autoridades  no les importa maltratar a gente como a los pepenadores, (que comen de lo que ganan su sustento y el de sus familias recolectando productos reciclables) que si bien no existen para las normas jurídicas y sanitarias, entre otras, son mexicanos protegidos por la Constitución y por los Derechos Humanos pero que son pisoteados por la avidez del negocio. ¿La restauración y rehabilitación del extenso terreno donde está el tiradero “Los Laureles”, será un futuro y jugoso botín para constructores, financieros, comerciantes y demás? La historia se repite. Y…qué pasa?

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