REGRESO AL CIEN

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Miguel Bazdresch Parada*

Se anuncia el regreso a clases cien por ciento al menos en noviembre y diciembre. Buena noticia, pues hace suponer una disminución del peligro de contraer covid-19. La vacunación y el apego a las precauciones largamente impuestas y solicitadas está detrás de esa disminución.
Conforme se sale de la pandemia se podrán apreciar mejor los efectos positivos y negativos, de la misma, en la educación. Será de interés verificar las estimaciones y afirmaciones de los analistas del tema. Esperemos se confirmen todos lo efectos positivos y se relativicen los negativos. En todo caso es momento de también regresar a los pendientes y problemáticas no desaparecidas por la pandemia.
Dos de estas cuestiones largamente señaladas y lamentablemente verificadas hasta el cansancio durante la pandemia, además de importantes, son urgentes para propiciar los aprendizajes necesarios para vivir y convivir en un mundo cambiante y necesitado de los cambios. Una es la consolidación del acceso a la cultura digital desde la educación temprana. No sólo es cuestión de “disponer de internet para todos” sino de incorporar a las destrezas culturales básicas, las destrezas culturales digitales a fin de facilitar a los estudiantes la aplicación de éstas, tanto en los grados superiores de educación como en las actividades diarias y las laborales cuando se incorporen a ese mundo.
La segunda es la capital importancia que reviste en este momento una puesta al día, y puesta “al futuro”, de la formación de los formadores de docentes. Sabemos muy bien formar para enseñar y lograr aprendizajes de nuestra cultura matemática, lingüística, histórica, etcétera. No tanto sobre la cultura del arte, la literatura y las humanidades. Y nada o casi sobre la cultura digital cuyo reciente surgimiento parece descalificarla para ser promovida como objeto de aprendizaje. No se está formando para dominar la cultura digital, menos para suscitar modos y métodos de aprendizaje. Estas propuestas hoy están en las redes sociales y su acceso es por el celular, es decir, sin formación para apreciar lo valioso, descartar la basura y, en todo caso, aprender a manipularlo con propósitos de expresión personal o colectiva.
Regresar al cien puede ser un espacio para repensar si los ladrillos y los techos son lo único importante para disponer de un espacio y realizar los procesos de aprendizaje cruciales en este momento de la época que se avecina, según todas las tendencias (hasta ahora detectadas) sean las medio-ambientales, los nuevos modos de formar y ser familia o sean las tendencias para conseguir un Buen Vivir, y dar la espalda al individualismo rampante hoy.
Regresar al cien puede ser volver a las rutinas y costumbres puestas en paréntesis por la pandemia. O, puede ser el nacimiento de un impulso renovador para insistir en hacer mejor las cosas de la educación y para intentar modos no pensados hasta ahora, y así abrir una ventana a otra época educativa. No sólo “regresemos” al cien sino lleguemos a dar el cien.

*Doctor en Filosofía de la educación. Profesor emérito del Instituto Superior de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). mbazdres@iteso.mx

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