SOLO CON FE.

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Por: Mtro. Luis Octavio Cotero Bernal.

Profesor Investigador de la División de Estudios Jurídicos UdeG.

Dice Don Pepe Mujica, ex presidente de Uruguay, con su sabiduría natural y sobre todo con su expresión tan clara y más que nada su ejemplo de vida, que la fe es la meta porque es la que le da rumbo a nuestro destino y tenemos que aceptar que es una gran verdad, que venimos a este mundo a hacer algo por él y a dejar un rastro positivo de nuestro tránsito.

Por dramática que sea nuestra situación personal como familiar o social, tenemos que tener fe en que esa circunstancia se debe y se puede transformar en algo positivo para bien de los que estamos y los que vendrán; no se debe claudicar ante ningún evento por grave que este sea.

Existe un hartazgo entre todos nosotros de la situación de inseguridad en que vivimos los mexicanos y desde luego en nuestro particular estado donde hemos visto prácticamente las componendas perceptibles y por sobre todo la ineficacia y falta de talento que nos de alguna posibilidad de transformar tal estado de cosas, pero esto por ningún motivo, chicos y grandes, de cualquier estrato social, cultural, debemos perder la fe, porque la fe es vida y la vida aunque difícil, sigue siendo hermosa, así lo acota también Don Pepe Mujica, en sus frecuentes discursos con una claridad meridiana que hace posible que retomemos el rumbo en ese contexto de la fe de alcanzar la condición anhelada en lo personal, en lo familiar y en lo social; lo que no vendrá si no hacemos nuestro mejor esfuerzo, dentro y fuera de nosotros mismos, porque es innegable que solamente que con actitudes positivas, constantes y decorosas podamos alcanzar la meta que nos fijemos en nuestra vida, pero además con acciones que sin regateos realicemos desde cualquier espacio en que nos desarrollemos, ya que el lamento y la indolencia solo producen el fracaso y la desgracia.

Nosotros los mexicanos hemos padecido una diarrea legislativa, tanto local como federal, al grado que una de nuestras leyes fundamentales que hacen posible, aunque sea de mediana calidad, la justicia como lo es la Ley de Amparo, que hasta hace poco más de cinco años, estaba al alcance de todos los ciudadanos y por todos los rincones de la patria y sobre todo cuando se atentaba contra la libertad de las personas y hoy en día solo queda al alcance de quienes vivimos en la zona metropolitana y se niega al resto del territorio del estado al obligar al gobernado que en actos de autoridad dentro de un procedimiento jurisdiccional, tenga o no tenga recursos económicos, tiene que trasladarse con el consabido riesgo de perder su libertad por un delito no grave para acudir hasta la ciudad judicial ya sea de manera personal o por conducto de un autorizado a demandar la protección de la justicia, que hoy esta ley se la alejo sin ninguna justificación ni consideración para el ciudadano; siendo desde luego esto materia de una exposición de todo un tema jurídico.

​​​No obstante por la desgracia que pasemos, insisto en que no hay que perder la fe en que podemos y debemos transformar nuestro estatus y en particular me refiero al gremio de los abogados que como lo he sostenido reiteradamente, más que ningún otro sector de la sociedad tenemos el deber civil y profesional de enfrentar la adversidad con todo el honor y la honestidad que nos obliga nuestra profesión.

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