EL IDOLO QUE CADA QUIEN TENEMOS

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Por: Dr. Luis Octavio Cotero Bernal
Director del Observatorio Académico de Justicia y
Seguridad Pública de la División de Estudios Jurídicos
de la Universidad de Guadalajara.

Hace un par de días, la vida me arrancó a quien para mí fue y será, el hombre más perfecto que ha existido en el mundo. Se fue entre mis brazos, con la verticalidad que a todos sus hijos nos inculcó, sin dejar de lado un solo principio moral o cívico, pues nos inculcó el valor civil en todos sus términos, pues jamás consintió la deshonra y la cobardía, pretendiendo con ello, hacer de sus hijos, hombres y mujeres dignos a la sociedad, respetuosos y respetables.
Como hijo fue un modelo a seguir, como hermano por igual, siempre solidario y atento al bienestar de toda la familia, desde los más cercanos hasta los más lejanos, de ahí que hoy que ya se fue, las muestras de solidaridad se han manifestado a la familia, por parte de los compañeros de su trabajo, los compañeros de profesión de sus hijos: cuatro abogados, una educadora y una digna madre de familia, dedicada al hogar, lo que le permite gozar al día de hoy de una familia ejemplar situada en Puerto Vallarta.
Disculpe usted amigo lector, dado que el tema que hoy abordo, seguramente no es de su interés, ni tiene por qué interesarle; sin embargo, dado el espacio que me brinda esta organización editorial mexicana, así como lo hice con mis distinguidos maestros quienes se nos han adelantado, recordándoles, no podía ser la excepción al tratarse del que para mí, fue el mejor maestro del mundo que en paz descanse.
En otro orden de ideas y derivado de la pandemia de salud por la cual estamos atravesando, la profesión de los abogados y de los justiciables, se ha visto dramáticamente afectada por esta contingencia, la cual no tan solo afecta la salud, sino que además, ha afectado la subsistencia de quienes vivimos de la postulancia. Cierto es que, la corrupción ya bastante lacera a la sociedad; sin embargo, la parálisis jurisdiccional tanto estatal como federal, realmente ha causado serios perjuicios a los justiciables al impedirles alcanzar la justicia a la que tienen derecho.
Destacar además que el profesional independiente, no cuenta con un salario como el que sí tienen seguro los funcionarios judiciales y de diversas instituciones gubernamentales, trabajen o no trabajen, pues el postulante mientras no entregue resultados a sus clientes, no tiene percepciones económicas.
Ojalá que esta amarga experiencia sirva para que los colegiados o no colegiados, nos organicemos en pos de una organización, a través de la cual sea posible garantizar el bienestar del profesionista y el de su familia.
Es urgente que tanto el Poder Judicial Federal como el estatal, sean objeto de capacitación profesional, pero además de ética y valor civil para resolver conforme a la ley y a la interpretación personal que le puedan dar a la misma, sin consignas de ni una especie, dado que tanto el federal como el estatal, haciendo un horrendo ridículo, se han sometido al titular de ejecutivo federal y al estatal, resolviendo por consigna, no obstante que ello sea contrario a lo que la legislación vigente establece. Es importante además, se deje a un lado esa la filosofía barata de que, cuando la justicia riña con la ley, vayan por la justicia.
Nos urge al foro de abogados, señalar con todo el valor civil y la honestidad, toda conducta reprobable, derivada desde el más modesto actuario o personal judicial hasta los ministros que integran la corte de la nación que han dejado mucho qué desear, porque la justicia que se ministra en México, la Suprema Corte de Justicia de la Nación, deriva de sus secretarios relatores, así como sucede en los Tribunales Colegiados y las salas del Supremo Tribunal.
Nos urge una transformación seria y objetiva sin fondos demagógicos o de interés político.

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