IRRESPONSABILIDAD SOCIAL.

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Nuevamente la madre naturaleza está cumpliendo con su ciclo lluvioso. Irregular o no pero las precipitaciones en la zona metropolitana de Guadalajara están refrescando el ambiente y dejando afectaciones. El agua simplemente busca su cauce chocando con los obstáculos de la histórica urbanización y la irresponsable concentración humana lo cual cada día, hace insuficiente la infraestructura correspondiente.

Muertes, destrucción de muebles e inmuebles, inundaciones, abatimiento arbóreo y de zonas verdes y nuevos gastos e inversiones son algunos de los efectos que cada temporal lluvioso agobian a presuntas autoridades y a la ciudadanía. Por lo general, de nosotros mismos emana el perjuicio y luego se gritan las quejas por los desastres ocasionados por la lluvia.

La gente requiere habitación, edificios y obras que luego paga de una u otra manera.

Lamentablemente no adquiere educación ni cultura para convivir con la naturaleza. Y como dice el refrán: “el agua busca su salida y se lleva lo que se encuentra”. En tato la irresponsabilidad social, el consumismo y la gente, producen miles de toneladas de desechos orgánicos e inorgánicos que por lo general obstaculizan los desagües y provocan las inundaciones con los resultados que ya conocemos.

A esto hay que añadir la displicencia de muchos políticos y no pocos empleados succionadores de la nómina oficial que hacen todo para lograr el nombramiento para luego incumplir. Una ciudad limpia no es la que se barre sino la que no se ensucia y la gente se afana en tirar los desechos en cualquier lugar.

A fin de cuentas la autoridad es rebasada por las necesidades. Ocasionalmente trata de persuadir a la gente para que no tire basura en las calles pero la ciudadanía, de manera inmisericorde, no cuida su entorno. Las leyes y los reglamentos tampoco son aplicados honestamente ante los grandes capitales que ahogan en cemento y varilla a la metrópoli.

En cambio, hacen “reo de muerte” al ciudadano que remodela la fachada de su casa y, para elevar el cobro del impuesto predial, revaloran las fincas sobre todo por su cercanía a nuevas obras, por ejemplo la del tren ligero línea 3, dizque por la plusvalía.

En tanto la ciudadanía y los dizque servidores públicos no cumplan a cabalidad, el deterioro urbano crecerá.

Sabe usted amable lector, que hay funcionarios que tras la tormenta cínicamente dicen que “llovió de más”, como si la naturaleza tuviese una cuota pluvial fija. Y…qué pasa?

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