JUSTICIA A LA U.S.A.

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Por: el Dr. Luis Octavio Cotero Bernal Director del Observatorio sobre Seguridad y Justicia de la División de Estudios Jurídicos de la Universidad de Guadalajara.

Qué pena para los mexicanos bien nacidos. La misma pena que, también debería padecer y sentir el gobierno mexicano, al no contar con una institución en la que debe confiar al cien por ciento en su calidad, en su oportunidad, en su capacidad, en su honestidad. Lo más grave es, la desvergüenza por todo ello y el silencio que guardan los responsables de las instituciones de la procuración y la administración de la justicia, al ponernos indiscutiblemente como la estrella cincuenta y tres de la bandera de los Estados Unidos de Norteamérica, pues sólo un imbécil, deshonesto, inmoral y traidor, no lo ve, al consentir y lo más grave, al colaborar en el sometimiento a juicio y condena a prisión de tantos mexicanos de todo el pueblo y sin temor a equivocarme, las autoridades han tenido pleno conocimiento de su conducta ilícita en territorio mexicano, al grado tal de cometer con todo cinismo, irresponsabilidad, jactancia y deshonestidad entre otros, actos públicos, del conocimiento de propios y extraños, como el hecho de poner en libertad (sin tener la facultad para ello), a un preso, el cual ya estaba a resguardo de las autoridades.

La anterior conducta está severamente sancionada por las leyes mexicanas, la cual establece categóricamente que, aunque la conducta, tenga efectos en el extranjero, primero debe ser sancionado por las autoridades mexicanas y una vez compurgada la pena si, el preso es requerido por el extranjero, entonces, ponerlo a su disposición y no de la manera en que reiteradamente han procedido las autoridades mexicanas, con distintos personajes del crimen, quienes han sido detenidos por las autoridades de nuestro país, dejando entrever un vil sometimiento al extranjero, lo que, evidencia una traición a la patria, tanto en esta administración federal como en administraciones pasadas, administraciones que han remitido al vecino país del norte a connacionales para que en aquel país se haga justicia, exhibiendo, públicamente y de forma internacional, la incapacidad del gobierno mexicano para someter a la delincuencia.

Hoy por hoy, nuestra patria vive una anarquía absoluta, con un Poder Judicial Federal cobarde y sometido por el ejecutivo, situación de la los mexicanos tenemos que soportar su arrogancia, su prepotencia, su cobardía, su impunidad y con un escaparate carísimo para nuestra economía, pero lo más lamentable en perjuicio de los derechos humanos de nuestro pueblo.

Del fuero común, hoy por hoy , nada digno qué decir y para muestra un botón inmediato, la veleta en que se ha constituido un simple problema de hermanos, donde se premia además, a aquellos servidores públicos que, se prestan a tan aberrantes actos contrarios al derecho y sin el más mínimo recato, violentan la ley, de acuerdo a la orden recibida de los legislativos, tanto federal como estatal, sólo atendiendo las órdenes del ejecutivo, al grado tal de cometer delitos, nombrando funcionarios sin que, éstos reúnan los requisitos de ley y los nombrados hacer como que los desempeñan, a sabiendas de que, el Código Penal de Jalisco, sanciona, tanto a éstos como a aquellos que los nombraron y que, no obstante de ser denunciados, jamás se ha procedido en contra de ellos.

No se necesita tanta tinta y tanto papel, tanto tiempo perdido en investigaciones, estudios, jurisprudencias , etc. etc. frente a los hechos antes señalados, para demostrar que todos esos tratadistas, estudiosos del derecho, los académicos y los estudiantes, sólo hemos perdido el tiempo, el dinero, la libertad , el honor y la dignidad, al aceptar que, otro país, imparta la justicia que, desde “Los sentimientos de la nación”, el siervo de ésta, en el siglo antepasado, dejó plasmados y ofrendó su vida, que si reviviera, se volvería a morir de la traición que, vive el pueblo mexicano de sus autoridades, pero sobre todo, por el silencio sepulcral de callar cuando se debe de hablar como lo sostenía Abraham Lincoln en el país que ya nos ha de estar dibujando ahora como la estrella cincuenta y tres de su bandera, lo que desde luego, por ningún motivo podemos y debemos aceptar ¡Que vivan los mexicanos!

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