La ignorancia, la cobardía y la infamia.

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Por: Dr. Luis Octavio Cotero Bernal.

Director del Observatorio Académico de Justicia y Seguridad Publica de la División de Estudios Jurídicos de la UdeG.

​Desafortunadamente estos tres antivalores azotan de manera inmisericorde a la patria y a la patria chica, -a Jalisco-, donde algunas autoridades por ignorancia, mala fe, ambición desmedida, arrogancia, prepotencia, destruyen las instituciones, a las personas, victimas y supuestos victimarios, con toda impunidad, sin ningún recato ni respeto al tan llevado y traído estado de derecho, invadiendo competencias, atribuyéndose facultades y lo más terrible, juzgando y condenando, como si fueran dueños de la verdad, al igual que algunos periodistas, sin conocer las constancias y mucho menos sin una asesoría profesional condenan cobardemente el desempeño de un funcionario; argumentos que nunca buscan la verdad, tampoco aclarar aquella situación en que concluyo el proceso, atendiendo solamente díceres y mitotes sin tener la más elemental conciencia del perjuicio que se causa, no tan solo al actor directo de los temas que mal informan, sino el daño moral y social que trasciende a los padres, hijos y demás familiares, de aquellos a quienes se infama impunemente.

​Ahora bien, para el cristianismo y en general para casi la mayoría de las religiones el impartir justicia es un acto sublime de un ente superior que tiene la virtud de la sabiduría, la conciencia, la grandeza en todos los aspectos, que le permite una ministración justa y perfecta, -desde luego, divina-, pero que para los mortales ha sido necesario, desde el origen del mundo, buscar el modo de vivir en armonía, en paz consigo con los suyos y con los demás, aunque es imposible encontrar mortales con la virtud de los dioses, pero es elemental que sean gentes con honor, dignidad, vergüenza, valor civil, conciencia, con una honestidad intachable, independientes de presiones de la sociedad y del poder político, desde luego, ser respetuosos y respetables, con los conocimientos suficientes para desempeñar una función tan sublime como es la de juzgar a sus semejantes, que desafortunadamente, Jalisco, hoy por hoy padece el latrocinio del derecho de parte del Ejecutivo en su intromisión desmedida, con la asesoría equivocada de su área jurídica, que solo medra en su desempeño, desde el Registro Público de la Propiedad, hasta en cualquiera de las áreas de la administración y procuración de la justicia, interviniendo en la designación de jueces y magistrados, de fiscales que quitan y ponen a su antojo, al margen de la ley, como en ese “hecho histórico” que presumió el Gobernador, de buscar el combate a la corrupción, moviendo a jueces a diestra y siniestra de su adscripción, cuando la ley establece que para su adscripción o readscripción se requiere un dictamen en el que se habrá de establecer la necesidad y conveniencia de tal acción, además de ponderar las circunstancias personales y familiares, en especial de quienes tienen hijos menores a quienes se les debe guardar el respeto debido al interés superior de la niñez, ese hecho, también a mí me parece, resulta histórico, pero no por lo positivo, sino por lo arbitrario y de retrasar lo ya de por sí degradado la pírrica justicia que se imparte en la entidad, sino que además solo se cambia de residencia la corrupción que supuestamente motivó esa remoción absurda, infame para el justiciable, que el que pudiera ser absuelto, permanece privado de su libertad, de ese tesoro, que es el más preciado, después de la salud de los hombres.

​Es lamentable la ausencia de honor, dignidad, vergüenza, de valor civil, de todo el foro, que consiente este estado de cosas, que si Juárez, Mariano Otero, Crescencio Rejón, Ignacio Luis Vallarta, Melchor Ocampo, el siervo de la nación, que siempre fue y será Don José María Morelos y Pavón, quien le dicto a Don Andrés Quintana Roo, los Sentimientos de la Nación y, no como triste y penosamente se dijo ante el mundo, que fueron obra de Don Vicente Guerrero, y lo más doloroso y vergonzoso que lo haya dicho el Presidente de la Republica y no una, sino varias veces, -Pobre México-, pero esta miseria se acrecienta cuando callamos, este escenario, ya que como lo dijera Abraham Lincoln, no hay peor cobardía que callar cuando se debe hablar, porque además, esto nos lleva sin remedio al vacío que seguimos cayendo desafortunadamente y al parecer sin visos de tocar fondo para podernos impulsar de nuevo a restablecer lo que soñaron nuestros próceres, que después de lograr la independencia extranjera, como clerical, pretendían un México más justo, más honesto, congruente, donde el esfuerzo de cada uno tuviera su recompensa, que nos hiciera una patria digna, respetuosa y respetable, en el marco del respeto al derecho ajeno.

​Señor Presidente del Tribunal, Magistrados, Jueces y demás funcionarios del Poder Judicial, como de la fiscalía, exijan, no supliquen, el respeto al estado de derecho y si no, por lo menos a sus derechos y a su dignidad y sean solidarios entre sí y no esperen que la divinidad venga a salvarlos de lo que es su deber defender, porque lo sublime solo es de quien lo merece y para ello se necesita tener decoro, valor civil y toda la disposición suficiente para defender lo legitimo, que eso será siempre innegable y quienes integramos el foro sumarnos a ese esfuerzo sin la tibieza manifiesta y la esperanza histórica de que nos vengan a resolver de otros lares la lamentable situación que atravesamos.

DOCTOR LUIS OCTAVIO COTERO BERNAL.
locb15@hotmail.com

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