EL ROSTRO DE LA POBREZA EN MÉXICO Y EN JALISCO, TIENE CARA DE MUJER.

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Para la profesora investigadora de la Universidad de Guadalajara Raquel Partida Rocha, en la actualidad nos encontramos inmersos en una descomposición social, derivada de «patrones» culturales que han repercutido en los modelos modernos; México es un ejemplo palpable de arraigo, usos y costumbres que fueron introducidos en el siglo pasado, mismos que en la actualidad pudieran considerarse obsoletos.

La investigadora del Departamento de Estudios Socio-Urbanos del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH), advirtió que si bien es cierto que dentro de una sociedad como la nuestra existen hombres y mujeres padeciendo pobreza, de estos, son las mujeres las que más la padecen.

«Se trata de romper esos estereotipos, la ONU en sus objetivos del milenio ya no van a permitir esto; empresa, país que se encuentren inmersos en circunstancias del viejo paradigma, no van a recibir los beneficios que el Banco Interamericano les da, cada vez va a ser un check list para ver quien si cumple la igualdad y México juega en el mundo global, un país maquilador en todos los sentidos, con la mano de obra muy barata y demás, sin embargo, hay que alentar como lograr los mejores salarios, las mejores formaciones y las mejores capacitaciones de las mujeres para brincar esta frontera de mujeres empobrecidas, el rostro en México y en Jalisco de la pobreza, tiene cara de mujer» dijo la investigadora.

Partida Rocha señaló que existe un rezago de casi 40 años en torno al desarrollo del genero femenino, a quien se ha vinculado culturalmente con la procreación y no con la creación y explicó: «Esto tiene que ver con dos elementos, el primero tiene que ver con el concepto de la legalidad, es que las mujeres seamos dueñas de los bienes productivos, casi no hay mujeres empresarias ni de emprendimientos, porque a las mujeres se les ha designado un papel histórico con un estereotipo que es el de la reproducción y no de la producción».

Habló de grandes vacíos latentes en la legislación, donde el concepto de empoderamiento es más un «espejismo» que una realidad social, en donde las mujeres de hoy, estudian y trabajan esperando un crecimiento laboral profesional y no únicamente en el supuesto dictado en un documento, «Que haya todo un pool de acciones, de hacienda, de mujeres jóvenes que ahora crean sus propias empresas y no en los tianguis, porque luego lo que se vincula es – ha quieres tu poner tu empresa- pon un puestito de menudo, pon un puestito de uñas y no, debe irse construyendo nuevas generaciones de mujeres empoderadas, con la libertad económica y para ello se requiere el respaldo del Estado y de las leyes», concluyó.

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